Comunicación: ¿Qué nos dicen los silencios?

Por Almudena Lobato.

Comunicación: ¿Qué nos dicen los silencios?

“El silencio es muy importante.

El silencio entre las notas es tan importante

como las notas mismas”.

Wolfgang Amadeus Mozart

A menudo se habla, hablamos, hablo…, de la importancia de las palabras, de cuidarlas, de ser conscientes del efecto que produce en uno mismo y en los demás. Las palabras crean la realidad, crean tu realidad. Es imprescindible ser conscientes y usarlas bien, de forma constructiva, asertiva y empática. (Puedes leer Comunicar: Menos ruido y más que palabras).

Pero, ¿qué ocurre con los silencios?, ¿qué lugar ocupan en nuestra comunicación?.

Los silencios tienen su propio lugar.

Los silencios forman parte natural de la comunicación. Alternamos constantemente silencio con palabras cuando nos comunicamos con los demás, y un buen uso de ambos nos permite tener una comunicación más eficaz. Por otro lado, en nuestra cabeza el silencio es más difícil de encontrar, constantemente hablamos con nosotros mismos… son nuestros pensamientos.

Cuando te comunicas con otra persona, los silencios se abren paso entre las palabras, unas veces de forma consciente, otras sin que nos demos cuenta, otras de forma intencionada, otras espontáneamente… cada silencio cuenta una historia, cada silencio provoca un efecto en quien lo recibe.

Cada vez que comunicamos (con palabras y con silencios) provocamos un efecto en otra persona, cambiamos algo de sí misma, en su forma de sentir, en lo que piensa, en lo que hará, en lo que sabe, en lo que quiere, en lo que rechaza… Comunicar no sólo es hablar, no es sólo contar, también es influir.

Para poder influir, en tu comunicación verbal tan importante son las palabras, como los silencios, así como la coherencia con tu lenguaje no verbal.

Y aquí paro y hago un inciso. Siempre que hablo, o escribo, sobre comunicación, trato de diferenciar muy bien la influencia desde la persuasión o desde la manipulación. Desde el punto de vista de las habilidades comunicativas y sociales, hablamos de la misma habilidad. La diferencia fundamental estriba en la ética (no es una pequeña diferencia precisamente). Cuando influyes persuadiendo eres transparente y honesto, cuando influyes desde la manipulación ocultas información, la tergiversas, añades, cambias o quitas, generas dudas donde no las habría, existe una mala intención… fundamentalmente, cambias la información o la das de tal modo que la usas para tu propio beneficio, sin tener en cuenta a los demás y sin que sean partícipes de tus intenciones o posibles beneficios (ocultos). La manipulación, por tanto, causa en el otro la sensación de haber sido engañado y usado y disminuirá la confianza en ti. Por otro lado, la persuasión permite que la persona libremente decida, con la información disponible y necesaria, y que tengas más posibilidades de que se alinee contigo y confíe en ti.

Para establecer relaciones sanas y/o gestionar tu equipo de trabajo es fundamental influir desde la persuasión, lo que te permitirá desarrollar tus habilidades comunicativas de liderazgo.

¿Qué nos dicen los silencios?

“Hay tantos tipos de silencio que me atrevería a decir que el silencio es un idioma”, Candidman.

Los silencios comunican… siempre. Llevan implícitas palabras no dichas, emociones, pensamientos, gestos, intenciones… Comunicas mucho más de lo que piensas, tanto cuando los usas como cuando no los dejas estar.

Los silencios tienen diferentes significados. Veamos algunos.

  • Los silencios indican escucha.
  • Los silencios generan empatía.
  • Los silencios te permiten obtener más información.
  • Los silencios te permiten calmarte.
  • Los silencios indican desinterés.
  • Los silencios indican miedo.
  • Los silencios indican seguridad o inseguridad.
  • Los silencios pueden ser agresivos, asertivos y pasivos.
  • Los silencios ayudan.
  • Los silencios calman.
  • Los silencios ignoran.
  • Los silencios estremecen.
  • Los silencios angustian.
  • Los silencios acogen.
  • Los silencios… ¿qué más añadirías?.

Como puedes ver los silencios tienen múltiples significados, variados y contradictorios. De ahí que sea tan importante conocerlos.

Usarlos a nuestro favor

Aprender a usar bien los silencios es parte fundamental de una adecuada comunicación, saber cuándo usarlos, cómo, cuánto, con quien… Es más, los silencios, bien conocidos, pueden usarse incluso estratégicamente si fuese necesario.

El primer paso para usarlos bien es hacerlos conscientes, es decir, observarlos y prestarles atención.

Cuando usar el silencio conscientemente:

  • Cuando te importa lo que dice una persona. Cuando callas escuchas y cuando escuchas prestas tu atención al otro dándole un lugar de importancia. Las personas cuando nos sentimos escuchadas, nos sentimos importantes para el otro, atendidas y comprendidas. Si interrumpes, opinas todo el tiempo, le cuentas tu historia sin dejar que concluya su explicación… el mensaje que le das es “me importas muy poco tú y lo que me cuentas”. Mordernos la lengua y aprender a escuchar facilita establecer mejores relaciones.
  • Cuando quieres ayudar a otro. A menudo tratamos de dar consejos rápidamente (incluso si no nos lo piden) para ayudar, sin embargo, la mayor parte de las veces podemos ayudar más escuchando. A menudo la persona ya sabe lo que quiere, tiene que hacer y necesita (si es un adulto) y decirle lo evidente o lo que no se atreve o no puede hacer raras veces ayuda. Escuchar es acoger, comprender, ESTAR, y muchas veces es la única (que no poca) ayuda que podemos dar. Aprender a dar nuestra opinión o consejo cuando nos lo piden es junto a escuchar la mejor ayuda. Hacer o pensar por otro sólo está justificado cuando la persona no tiene en ese momento la capacidad (y eso ocurre en contadísimas ocasiones).
  • Cuando te falta información. Para tomar buenas decisiones lo mejor es disponer del máximo de información. Si sólo hablas de tu razón, de tus motivos, o tomas decisiones sin ampliar o contrastar la información, la probabilidad de dejarte llevar por una información sesgada es muy amplia. Es una buena y sana costumbre (que además nos permite tomar mejores decisiones) aprender a preguntar al otro y callarnos para escuchar (incluso cuando “creemos” conocer la respuesta).
  • Cuando estás muy ofendido o disgustado. En este tipo de situaciones, callarte te dará un tiempo extra para calmarte y poder tomar el control sobre tu comunicación, pudiendo llevarla de forma consciente a donde más te pueda interesar. Si lejos de parar y permanecer en silencio mientras tratas de mantenerte calmado, reaccionas a las provocaciones y situaciones que no te agradan o te hacen sentir mal, serán tus emociones las que tomarán el control y la probabilidad de que metas la pata y posteriormente te arrepientas es muy alta.
  • Cuando el silencio es más hermoso que cualquier cosa que puedas decir. Si no tienes nada más que añadir para mejorar una situación y sólo hay quejas, reproches y malestar, mantener esa situación sólo logrará empeorarlo. Saber cuando parar y callar es fundamental. El silencio, calma y repara, nos ayuda a no dejarnos arrastrar ni arrastrar a otro a nuestra profundidad emocional. Después, en otro momento, con más calma y con un ánimo constructivo retoma de nuevo la conversación (es importante que ambos estéis calmados).
  • Cuando hablar no implica nada que ganar y mucho que perder. Saber cuando no decir nada, es tan importante como saber cuando hay que decir algo. Si hablar puede perjudicarte de una forma seria o tener consecuencias negativas para ti o alguien que te importa, callar a veces permite no entrar en una situación en la que sólo podemos perder. Esto es diferente a callar sistemáticamente y debe reservarse a situaciones muy concretas.

Cuando NO usar el silencio conscientemente:

“Así como las palabras,

el silencio también puede lastimar”

Anónimo.

  • Tras una discusión. Silencio para calmarnos sí, como venganza no. Dejar de hablar a una persona tras una discusión es una de las formas comunicativas más agresivas que podemos usar, ya que su uso sólo se justifica desde el rencor, no soluciona, no repara, no ayuda, sólo causa dolor y malestar. (Aquí me refiero a discusiones habituales normales que nacen de la diferencia de opiniones, no a otro tipo de situaciones).
  • Cuando alguien lo está pasando mal. A veces no sabemos como ayudar, nos sentimos tan mal o pensamos que es tan gordo lo que le está pasando o nos remueve tanto lo que sucede que creemos que poco tenemos que decir o aportar y desaparecemos, dejamos de llamar, de quedar con esa persona, aún a pesar de no quitárnosla de la cabeza. El silencio nunca es una buena opción en este tipo de situaciones, deja abandonada a la otra persona (sobre todo si eres alguien que espera que estés), a su dolor se une tu ausencia. A veces ni siquiera hace falta hacer mucho, a veces es suficiente con llamar de vez en cuando y preguntar, mandar un mensaje, una frase, una imagen… algo y ESTAR. Y si tu relación es muy estrecha ve y acércate a ver a esa persona de vez en cuando, cuando te sea posible, cuando puedas.
  • En una conversación. Tan importante es permanecer en silencio y escuchar, como parafrasear y dar feedback, no sólo con nuestra mirada y gestos, sino también con palabras (¿Sí?, ¡vaya!, ¡no me digas!, entiendo…, entonces lo que me quieres decir es…). El silencio absoluto se asocia a desinterés, el equilibrio ente silencios y palabras permite una conversación adecuada.
  • Cuando te interrumpen o no te dejan hablar. En este caso callarte hará que la otra persona invada tu espacio en la comunicación y que te sientas molesto, incómodo y no tenido en cuenta. Pide de forma amable que por favor te escuche.
  • Cuando sientes vergüenza o miedo. Si te cuesta hablar con otra persona y tiendes a permanecer en silencia, incluso cuando te gustaría decir algo, el único camino para resolverlo es afrontar tu temor y hablar. Comienza hablando poco a poco, sobre temas fáciles y recuerda, no necesitas ser experto en todo lo que hables, lo que tienes que decir es tan interesante e importante cómo lo que puedan decir u opinar los demás. Si te cuesta decir que no te invito a que leas La trampa del Sí y cómo decir No de forma asertiva.
  • Cuando sabes algo. El silencio decide no lo olvides nunca, por lo que siempre tiene consecuencias. Callar en este caso implica ocultar y por lo tanto participar de lo que sucede (aunque tú no seas el autor). Lejos de darnos el lugar de espectador nos da uno de los lugares protagonistas, el de cómplice. Según, qué, quien, cómo, cuándo… piensa bien las consecuencias entre hablar y callar y asume las de una y otra decisión. Sopesa bien las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas antes de decidir.

Comunicar es la forma en la que nos conocemos, nos relacionamos y nos influimos las personas. Cuida tus palabras y cuida tus silencios para comunicarte mejor.

Un saludo y buen camino,

Almudena Lobato.

 

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  1. almudenalobato 8 octubre, 2018 at 18:10 · · Responder

    Un placer Candidman!

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