Decálogo para ADMIRAR mucho y bien

Decálogo para ADMIRAR mucho y bien

Por Almudena Lobato.

“Amar es admirar con el corazón;

Admirar es amar con la mente”

Theophile Gautier

Me gustan las personas que son capaces de ver el brillo de los demás y no deslumbrarse, que aprenden con los ojos abiertos de quien tienen al lado. Aquellas que perciben a las personas “junto ”, no “en frente”, no “de lado”, no “más abajo”, tampoco “más arriba”.

Admirar es una cualidad de personas extraordinarias, es un superpoder. Sólo quien admira tiene la capacidad de aprender de los demás, de crecer con ellos.

Competir para ganar

Siempre he dicho que hay dos tipos de personas, las que compiten y te perciben como competencia, y las que cooperan y te perciben como compañero. Dos formas de entender las relaciones y de vivir la vida, no solo la profesional, la Vida en todas y cada una de sus facetas.

No cabe duda de que a veces aquello que queremos es limitado, sólo hay una copa para quien gana la final de liga, sólo hay un proyecto para trabajar con una empresa y competimos por ganarlo. Es lícito querer ganar, pero no a cualquier precio. Y es ahí, en el precio que estamos dispuestos a pagar o que otros paguen, donde nos diferenciamos, donde nos mueven valores personales, éticos, morales, sociales… diferentes.

Las miras cortas y estrechas hacen percibir a los demás como amenazas.

Las miras cortas y estrechas hacen percibir a los demás como amenazas. Hace que se les perciba como instrumentos, me sirves, no me sirves, estás conmigo o estás contra mí. Hace que se perciban a los demás por interés y no por su valor. Se desconfía por sistema, no por motivos, se desconfía por eso tan absurdo de que “si somos competencia tú no me puedes ayudar”. He visto, a personas y empresas, llegar al absurdo de estar profesionalmente hundiéndose y no pedir ayuda a quien podría dársela, por no reconocer que tiene problemas y por desconfiar en el otro por ser competencia… Es sano ver el lado positivo de cuanto nos rodea, de quienes nos rodean y confiar.

“Siempre será mejor opción admirar que envidiar.

La admiración te invita a imitar y superar.

La envidia a lamentar y criticar”

César Lozano.

El mundo es un lugar de oportunidades

Cuando ves un micromundo en el que sólo ves lo que tienes delante, es fácil caer en “o es tuyo o es mío”, es fácil vivir compitiendo constantemente, sufriendo cuando no se gana, sintiéndote perdedor repetidor. Vivir así es como vivir una guerra constante, no real pero sí percibida, una guerra que te hace mirar constantemente para ambos lados desconfiando, que desgasta y agota.

Cuando percibes el mundo como un lugar grande, con muchas oportunidades, no sólo para ti sino también para los demás, sabes que si esta vez no te sale, y sigues mejorando y currando, saldrá en otra ocasión. Cuando sólo ves tu micromundo te enfocas en ganar a otro, cuando percibes el mundo lleno de oportunidades tratas de mejorarte como profesional, de mejorar tu desempeño o el servicio/ producto que ofreces.

Admirar es abrir el foco lejos de uno mismo, vislumbrar personas, acciones, actitudes… que te gustan y aprender de ellos. Admirar te permite en el caso de que tengas que competir, que lo hagas desde el aprecio y el respeto, aprendiendo y valorando al otro cuando ganas y cuando pierdes (o te ganan).

Admirar no es decir “mira que guapo va o qué lista es”. Admirar es algo mucho más profundo y complejo. Admirar es ver y apreciar el valor (de valioso) que tiene otro y sentirlo como referente. Todos necesitamos referentes a los que admirar, de los que aprender, que nos inspiren a mejorarnos, a superarnos.

Es de “torpes” no ver qué te puede enseñar otro, pensar que ya se sabe todo. Aquel que cree no tener nada más que aprender, ni siquiera es consciente de cuánto le falta por saber.

Todos somos dignos de admiración, tú y yo también.

Alguien a quien admirar no es perfecto, probablemente tú puedas hacer otras cosas mejor que él o ella en otras parcelas del trabajo o de la vida. No admiramos de forma completa, admiramos conductas, actitudes, habilidades, valores, fortalezas… y con ello a quien las tiene. Admirar es ver la belleza en las personas, verlas como personas únicas y extraordinarias.

Admiramos por cosas concretas a personas concretas…“Te admiro por tu capacidad para permanecer en calma en situaciones complicadas”, “Te admiro por tu capacidad para mediar en los conflictos”, “te admiro por tu capacidad para buscar soluciones de forma rápida y eficaz”, “te admiro porque haces las mejores albóndigas del mundo”…

Admirar mucho y bien

Te invito a que reflexiones sobre estos diez pasos para admirar mucho y bien:

Uno.- Reconoce que hay quien es mejor que tú en algo. No eres perfecto, ni yo, ni siquiera esa persona a la que admiras. Saberlo, reconocerlo, te permite seguir aprendiendo.

Dos.- Enfoca tus oportunidades. Nadie es mejor que otro, todos tenemos nuestros talentos, fortalezas y habilidades y también nuestras áreas de mejora. Nuestras oportunidades nacen de aquello que somos capaces de hacer muy bien y de aquello que nos gustaría mejorar.

Tres.- Busca referentes. Para todo aquello que desees potenciar o mejorar busca un referente de ello al que admirar. Obsérvalos, inspírate y saca tu propia forma de hacerlo sin copiar y sacando lo mejor de ti mismo.

Cuatro.- Primero tienes que mirar para valorar. ¿Quiénes son esos referentes para ti?. Mira a tu alrededor y observa con atención, a todas y a cada una de las personas con las que te cruzas en tu vida, ¿qué conductas, actitudes, habilidades… observas a tu alrededor y admiras?.

Cinco.- Da valor a lo que observas. Es fácil menospreciar… “lo haría cualquiera”, “yo en su situación también lo haría”, “es el favorito”… Cada vez que menosprecias das de comer a tus inseguridades y te impides aprender.

Seis.- Cambia tu diálogo interno. Cambia tu disco interno y coloca otro. Busca lo bonito, lo bien hecho, la ilusión, las ganas, la actitud… cambia el “no es para tanto” por un “es buen trabajo”.

Siete.- Aprende y mejora. El Modelado es una de las formas más eficaces de aprendizaje, observar aquello que hacen otros y que les da buen resultado, y repetirlo. Si admiras a una persona porque te hace sentir que le importas, observa qué hace para que te sientas así, ¿te pregunta cómo estás?, ¿te escucha cuando le hablas?, ¿te ofrece ayuda cuando cree que la necesitas o se la pides?… ¿Qué hacen los demás que admiras y te puede ayudar a mejorar?.

Ocho.- Ofrece reconocimiento.  Ahora díselo, sí, díselo. Si te gusta lo que ha hecho, si te permite aprender y mejorar, díselo, reconócelo, verbalízalo, sácalo de tu bolsillo, mira de frente a tus miedos, a no estar a la altura, dile por qué lo admiras y cuanto aprendes de él o ella.

Nueve.-Agradece. Da las gracias por tener la oportunidad de tener a esa persona en tu vida, por tener la oportunidad de crecer y mejorar con su ejemplo. Dale las gracias.

Diez.- Actitud de admiración. Maravíllate de cuanto te rodea, sorpréndete, siente curiosidad, aprecia a quien te rodea, presta atención a los detalles, ten una actitud de aprendizaje continuo, valora, reconoce y agradece cada día.

Para admirar hay que tener los ojos abiertos y el corazón despierto.

Tengo muchos referentes, personas extraordinarias a las que admiro, #PersonasBonitas como diría mi querida Elena Arnaiz. Empezando por mis hijos, mi pareja, mis padres, hermanos y amigos. Yo creo que la oportunidad para admirar está siempre a la vuelta de la esquina, en cualquier lugar, en casi cualquier persona (digo casi porque no puedo evitar alejarme de quien no comparte valores para mí indispensables como es el respeto al otro).

Para admirar hay que entrenar la mirada apreciativa,

la mirada que revaloriza a otro,

la mirada que ve lo hermoso de los demás.

Un saludo y buen camino,

Almudena Lobato.

 

Hoy quiero dedicar este post a tres personas a las que admiro profundamente, ellas son Teresa Falls, Meme Romero y Elena Arnaiz. GRACIAS por formar parte de mi vida.

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