¿Perfecto? No, gracias: 10 claves para reconducir tu perfeccionismo

Por Almudena Lobato.darts-1800079_1920

No hay mayor defecto

que tratar de ser perfecto.

Vivimos en la sociedad de la excelencia, del talento, de la diferenciación, del sé tú mismo, de la mejor versión de ti mismo, del si te caes te levantas, del sonríe y se feliz … Además de ser muy bueno, hay que parecerlo y todos tienen que saberlo. ¡Cuánta presión!.

Con todos estos ingredientes, tenemos un caldo de cultivo perfecto (nunca mejor dicho) para el perfeccionismo. Esa pequeña voz interna que hace demasiado ruido y que te recuerda a menudo que todavía no es suficiente, qué todavía no eres suficiente.

La autorresponsabilidad y la autoexigencia son necesarias para desarrollarnos como seres adultos y autosuficientes, para mejorarnos a nosotros mismos, para superar adversidades y retos. Sin embargo, el perfeccionismo las lleva a un escalón por encima, el perfeccionismo es esa vuelta de tuerca que termina por inutilizarla y convertirla en inservible.

El perfeccionismo puede manifestarse de dos formas diferentes:

  • La Cara A: Una de sus caras es aquella que te lleva a la insaciable sensación de que todo puede ser mejor, de volver a repasarlo, de no darlo por concluido, de sentir que lo que se hace no es suficientemente bueno, de que otro lo haría mejor, de gastar un montón de tiempo en mejorarlo, aunque sea milimétricamente…
  • La Cara B: La otra cara es el abandono, el pensar que no se conseguirá, qué para qué, qué no vale la pena intentarlo, qué mejor hacer sólo aquello que se sabe hacer y no intentar lo que resulta muy difícil o nuevo, el posponer inevitablemente y no encontrar el momento…

Son dos caras de una misma moneda y de un mismo sentimiento, “no estar a la altura, no ser lo suficientemente bueno”, y el rasguño interior de tener que demostrar constantemente el propio valor, ni siquiera a los demás, a uno mismo. En el perfeccionismo el peor juez es uno mismo. Seguro que te resulta demasiado familiar, ¿verdad?.

Si algo es seguro es que el perfeccionismo lejos de ayudarnos a mejorar, nos llena de inseguridad y nos dificulta avanzar. No te ocurre sólo a ti, nos ocurre a todos a veces, también me pasa a mí. El problema surge realmente cuando convives con ello casi cada día, casi todo el tiempo, cuando forma parte habitual de tu forma de exigirte. Es agotador, improductivo, desgasta emocionalmente y te genera inseguridad y malestar. Y no, no sirve para ser mejor.

Por todo ello, es importante que aprendas a relativizar, a encontrar en los límites lo mejor, para poder superar tus límites progresivamente y avanzar, sin ponerte la zancadilla de una exigencia extrema y despiadada, en definitiva, a reconducir tu perfeccionismo. Responsabilizarte de ti mismo es ayudarte a superarte, no menospreciarte ni sentirte insuficiente.

 

10 claves para reconducir tu perfeccionismo

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UNO – La excelencia como medida imperfecta

Lo perfecto no existe, punto. La excelencia no es mirar lo que te falta, es valorar lo has hecho y tratar de hacerlo cada día un poco mejor, lo que puedas, hasta donde puedas. Pero, además de hacerlo con un criterio de efectividad (hacerlo “bien”), ser eficiente (dedicando los recursos materiales, personales, de tiempo… necesarios, no más). Si tardas tres días en hacer algo que podría hacerse en media hora, eso no es excelencia.

Tan importante es hacer, cómo saber cuándo parar y darlo por terminado y bien hecho.

DOS – Descubrir y cristalizar tu talento

Todos tenemos talento, tú también. Tu talento se esconde en aquello que haces cada día, aquello con lo que disfrutas y que realizas casi sin esfuerzo consiguiendo un resultado sobresaliente. Tu talento también está aquello que aún no has descubierto ni has hecho, está en lo inexplorado, en la sorpresa, en la nueva oportunidad, en la cara oculta de tus hábitos.

Descubrir tu talento es traspasar tus limites y andar nuevos caminos. Cristalizar tu talento es hacer, hacer y hacer.

TRES – Diferenciación y semejanza como valor

Créeme, aún sin hacer nada, tú ya eres diferente.

Observa a aquellos que te agradan y sorprenden, aquellos que han conseguido llegar a dónde tú pretendes. Obsérvalos y aprende, escúchate para hacer, no como ellos, no como otros, como tú sólo puedes hacerlo. Y si has aprendido de otros agradece, devuelve y comparte.

Tú valor está en tus diferencias, pero también está en tus semejanzas, en aquello que te iguala a otros porque veis con los mismos ojos, porque juntos sumáis más, porque os sentís semejantes en lo importante. Nadie llega demasiado lejos solo, por bueno que sea, es importante que escojas bien con quien andas tu camino, porque aquello que os iguala marcará la diferencia.

CUATRO – La mejor versión de ti mismo eres tú

Pocas frases me dan tanto repelús, como la tan manida “sé la mejor versión de ti mismo”. En realidad, por mucho que te empeñes sólo puedes ser tú. Lo que eres en cada momento está bien, es más, está requetebién, hoy eres lo mejor que puedes ser. Aceptarte, quererte tal y como eres, es un paso fundamental para mejorar cada día.

CINCO – Si te caes, te levantas… cuando puedas

Pues sí, si te caes no te vas a quedar ahí toda la vida… Sin embargo, las caídas, los embistes de la vida a menudo duelen bastante, incluso mucho. Y no eres un muelle que se cae y salta automáticamente, la resiliencia no es eso. Hay caídas y caídas, y hay caídas libres donde ni siquiera se ve el suelo. Date permiso para que te duela mucho, quédate ahí un rato, llora si es necesario, y rabia tanto cómo te salga del alma… y luego, cógete de la mano y ayúdate, si no hoy, mañana, pero cógete de la mano siempre, sin abandonarte, acompañándote y apoyándote en los demás.

SEIS – El optimismo como oportunidad

Lo de sonríe y sé feliz, sin duda está sobrevalorado. Sonreir, ¿siempre?, ser feliz, ¿pase lo que pase?. Como mensaje para una taza de desayuno puede estar muy bonito, como lema de vida es, me cuesta encontrar una palabra, es un auténtico absurdo.

Nadie puede sonreír a todas horas ni sentirse feliz siempre, simplemente no se puede, no podemos. La vida no es de color rosa y a veces entran ganas de gritar y maldecir, porque a veces ya no es que no sea rosa, es que casi pasa a un tono negruzco que se vuelve insoportable. Pero pasa, siempre pasa, no hay día negro que cien años dure.

Ser optimista no es ser un HappyFlower, es elegir la alegría de vivir y de los buenos momentos como compañeros, dando espacio a los momentos no tan buenos para que puedan pasar sin arañar demasiado. Ser optimista es responsabilizarte de ti mismo, es confiar en tu capacidad para hacer lo mejor posible, para ser lo mejor que eres, para confiar y apoyarte en las buenas personas, para elegir con quien no y con quien sí, para confiar y elegirte a ti, aún a pesar de los días grises, negros o de cualquier otro color.

SIETE – Ser tú y mostrarte

Ser sin parecer es perder oportunidades escondiéndote. Parecer sin ser es como un té con limón, sin té y sin limón (aguachirri que lo llamarían en mi tierra).

Hoy en día, parece que además de ser muy bueno, hay que parecerlo y todos tienen que saberlo. Maticemos, tienes talento y mostrarlo permite que otros te reconozcan a través de él, te da oportunidades y te permite conseguir tus objetivos y resultados. No, no hace falta que lo sepa el mundo entero, sería agotador, pero sí aquellas personas que te interesa que sepan y conozcan aquello que haces muy bien (compañeros, jefes, clientes, colaboradores…).

OCHO – Date cuenta de que está muy bien

Claro que quieres hacerlo muy bien, y eso es fantástico. Anímate para superarte y conseguir un logro mayor. Obsérvate y analiza esos momentos en los que de pronto comienzas a frenar y te enredadas en pequeños detalles o lo alargas en el tiempo o vas de una cosa a otra o te dices que estás muy ocupado o te sientes sobrepasado. Pon tu perfeccionismo en cuarentena, en esos momentos lejos de ayudarte a mejorar, te impide avanzar. Si te está ocurriendo ahora, coge tu freno de mano, hazte consciente y da un paso al frente para poder terminar lo que empezaste, sabiendo que está muy bien, por el simple hecho de que tú has tratado de hacerlo lo mejor posible.

NUEVE – Todo empieza y termina en ti

En realidad, esto no va sobre los otros, esto va sobre ti y tus inseguridades, sobre tu necesidad, de aprobación, de demostrarte que eres muy bueno y de que te lo reconozcan los demás. Despréndete de tanta exigencia y de tanta aprobación. Confía en ti.

DIEZ – ¿Perfecto?. No, gracias.

Hazlo lo mejor que puedas y date permiso para estar satisfecho y valorar tu esfuerzo y el resultado obtenido, aceptando la posibilidad de equivocarte como una oportunidad de aprendizaje y de mejora.

No, no puedes ser perfecto, ni falta que hace, es agotador y no sirve de nada, no te hará sentirte mejor contigo mismo ni hacer las cosas mejor.

No consiste en ser perfecto, consiste en ser tú. La vida sólo es eso.

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“Por mucho tiempo fui todo lo que pude,

hoy soy todo lo que quiero”.

Anónimo.

Un saludo y buen camino,

Almudena Lobato.

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