Gestionar bien los conflictos nos permite crecer y mejorar

Gestionar bien los conflictos nos permite crecer y mejorar.

Por Almudena Lobato.

Los conflictos forman parte de las relaciones humanas y nacen de las diferencias entre las personas. Gestionarlos adecuadamente nos permite conocernos, comprendernos y establecer mejores relaciones. Un conflicto bien gestionado siempre será una oportunidad de crecimiento y de mejora para todos.

Sólo desde la diferencia podemos construir relaciones ricas.

Tendemos a asociar la palabra conflicto a algo negativo. Pensamos que si aparece un conflicto es porque algo se está haciendo mal. Dedicamos más esfuerzo a evitar conflictos que a pensar sobre cómo resolverlos.

Los conflictos por definición son inevitables y todos tienen al menos una causa común, todos somos diferentes. Mostrar nuestras diferencias lejos de ser algo negativo, nos permite conocernos mejor y comprender nuestras diferentes necesidades. Lejos de ser algo negativo, es garantía de que la comunicación fluye y eso, a la larga, es el motor que nos mueve para avanzar juntos.

Los conflictos implican diferentes necesidades e intereses sobre lo mismo. Hablar sobre ello nos hace más libres y nos permite construir relaciones mutuamente satisfactorias.

En general, no tendremos muchas dificultades en resolver algo que percibimos como pequeño y que no nos afecta especialmente o casi no tiene consecuencias. Sin embargo, cuando percibimos una situación como una amenaza o prevemos posibles consecuencias negativas para nosotros (u otras personas), nos pondremos a la defensiva y trataremos de defendernos. Y digo defendernos y no solucionarlo porque en ese momento estamos más empeñados en llevar razón y demostrarle al otro lo equivocado que está o el daño que nos está haciendo, que, en escuchar, comprender o buscar puntos de acuerdo.

Querer ganar siempre,

a menudo nos lleva a perder.

Tener conflictos no es malo, no saber resolverlos sí.

El problema no es que aparezca en un momento determinado un conflicto, el problema es no disponer de las habilidades y estrategias necesarias para saber gestionarlo adecuadamente.  Un conflicto bien gestionado es una riqueza, un conflicto mal gestionado es la piedra que te encuentras cada día en el zapato y que termina haciéndote daño.

No hablar sobre ello y esperar a que el tiempo resuelva los conflictos raras veces servirá. Quizás lo tape y no se manifieste en la apariencia, pero eso no significa que se haya resuelto.

Lo que tú no resuelvas por ti mismo,

difícilmente otro lo resolverá por ti.

Aquello que no gusta, no gusta, aquello que nos duele, nos duele. Y cuando lejos de resolverse se enquista, va llenando nuestro vaso hasta que ya no podemos soportarlo. En ese momento te costará mucho más solucionarlo. No esperes tanto, no esperes a no poder más.

Esperar demasiado para resolver algo en ocasiones da de comer a la tristeza, a la rabia y al rencor, poniendo muchas más barreras y dificultades a la solución. Por ello, es importante que trates de resolver las pequeñas diferencias antes de que se conviertan en grandes, y resolverlas lo antes posible, buscando siempre el mejor momento.

Qué No nos ayuda a la hora de resolver un conflicto

No nos ayuda centrarnos exclusivamente en nosotros mismos:

  • Mi verdad: Creernos en posesión de la verdad, ser excesivamente rígidos y no estar abiertos a otras posibilidades.
  • Mi argumento: Tratar de hablar todo el tiempo para convencer, interrumpir, no escuchar.
  • Mi emoción: Centrarnos en nuestro malestar sin prestar atención a como se siente el otro.
  • Mi solución: No estar dispuesto a ceder y a valorar otras posibles soluciones diferentes a la propia.

Para poder compartir las diferencias de forma constructiva y crecer a partir de ellas, todos debemos de abandonar nuestro yo imperativo para construir un nosotros.

A menudo cuando nos sentimos ofendidos tendemos a pensar que es el otro el que debe de dar el primer paso, rectificar o disculparse. Esto tiene más que ver con un duelo de egos que no con una forma eficaz de resolver las diferencias.

Cuando tú das el paso, no dejas que otros hagan por ti lo que tú puedes hacer por ti mismo, asumes la responsabilidad de cuidar de ti, de tomar tus propias decisiones, y tienes más posibilidades de resolver y construir desde las diferencias. Otra ventaja es que se solucionará antes que si te quedas esperando.

Esa manía de que sea el otro el que de su brazo a torcer solo deja entrever tu propia dificultad para afrontar y tomar decisiones. Esa manía te instala en un silencio que va corroyendo la relación. Nadie da su brazo a torcer cuando busca solucionar algo.  Si tú eres parte del problema, también eres parte de la solución.

El silencio mata más relaciones que las palabras.

No consiste en agachar la cabeza y ceder, consiste en coger el toro por los cuernos y tomar las decisiones necesarias para que las diferencias no nos separen. Y si finalmente nos separan, que eso sea porque trataste de construir primero y tomaste la decisión de alejarte después.

Qué Sí nos ayuda a la hora de resolver un conflicto.

Resolver conflictos implica unas veces ceder y en otras ocasiones no (sobre todo si no te están respetando o teniendo en cuenta tus necesidades o incluso te puedan estar perjudicando).

Resolver conflictos, de un modo u otro, implica tomar decisiones.

Algunas pautas que te pueden ayudar a resolver mejor los conflictos en tu día a día:

  • Reflexiona sobre tu propia postura, intereses, emociones.
  • Trata de escuchar y conocer la postura del otro sin juzgar, tratando de comprender sus motivos, emociones e intereses.
  • Centra el foco en el problema para resolverlo y descéntralo de la persona (no etiquetes, ni juzgues).
  • Expresa tus propios intereses, motivaciones y emociones para que te comprendan.
  • No interrumpas y escucha, trata de obtener el máximo de información para comprender mejor y tomar una mejor decisión.
  • Busca una solución que os pueda beneficiar a ambas partes o al menos perjudicar lo mínimo.
  • Busca preservar la relación, al hablar cuida tus palabras y respeta a la persona. Pide lo mismo para ti.
  • Expresa tu intención de buscar una solución y tu aprecio por la persona.
  • Trata de solucionarlo lo antes posible, pero busca un buen momento en el que ambas partes estéis receptivos, dispongáis del tiempo necesario sin interrupciones y estéis dispuestos a dialogar y a buscar soluciones.

Cuando mínimamente no se cuidan cualquiera de estas pautas estaremos más enrocados en el problema y tendremos más dificultades para construir desde él.

Para resolver un conflicto es necesario y fundamental que ambas partes quieran. Tú pon tu atención y esfuerzo en cuidar tu parte, en ofrecer tu respeto e interés por buscar una solución. El resto también depende del otro.

Un conflicto es una oportunidad cuando lo abrazamos desde el mutuo reconocimiento a nuestras necesidades e intereses distintos, y desde ahí tratamos de construir algo mejor para ambas partes.

Un saludo y buen camino,

Almudena Lobato.

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